domingo, 14 de julio de 2019

¿Por qué soy de centro progresista?

El Centro Democrático y Social: mi primer referente
centrista 
Soy de centro progresista desde los 13 años. Tras unos breves escarceos con el liberalismo catalán encarnado por Pilar Rahola y el ecosocialismo, recientemente desaparecido enmedio de la indiferencia colectiva, representado por Iniciativa per Catalunya a la señalada edad me puse a leer como un auténtico poseso todo lo que caía en mis manos sobre Adolfo Suárez y sus dos partidos la Unión de Centro Democrático (UCD) y el Centro Democrático y Social (CDS). A mi todo aquello me encantaba, me parecía muy moderno y progresista frente al falso progreso en el que cayeron muchos de mis compañeros quienes al paso alegre del nacionalbolchevismo representado por las Candidatures d'Unitat Popular (CUP) pasaron de ser unos niños adorables a unos adolescentes acosadores y totalitarios. 

Pese a su extraparlamentariedad a los 16 años llegué un día a casa diciéndoles a mis padres que quería que me afiliasen al Centro Democrático y Social. Hacía muchos años que el partido no tenía representación parlamentaria pero sobrevivía en la más absoluta subterraniedad. No quería hacer ninguna carrera política, simplemente quería apuntarme a algo que me gustaba pero mis padres me quitaron la idea de la cabeza diciéndome que tal idea carecía del más absoluto futuro pues dos años después el partido se disolvió tras quince años arrastrándose por el barro. ¿Entonces qué? Me gustaba mucho Artur Mas así que me pasé a Convergència i Unió (CIU) dada la inexistencia de partidos centristas de ámbito estatal, pero poco después nacería un partido de centro-izquierda catalán llamado Ciudadanos. Dado que jamás me consideré un nacionalista catalán, apenas un catalanista muy light al estilo de Antoni Fernández Teixidó, ex-CDS por cierto, me causó una honda impresión y una grata sensación el nacimiento de Ciudadanos por ser la primera vez que asistía en la España oligárquica del bipartidismo y las mesas de camilla al nacimiento de un partido que además poseía una modernidad indudable. Dentro de lo catalanista muy light que era sentía una ligerísima aversión hacia Ciudadanos, pero una pulsión más potente aún que esa aversión hacia su carácter moderno y brillante. Entretanto Artur Mas seguía siendo un ídolo para mí, una suette de Capità Enciam (capitán ensalada) en honor a una serie infantil de TV3, de quién admiraba su carácter moderno, europeista y brillante. Dicha admiración alcanzó su cénit en 2010 con la gran victoria obtenida por Convergència i Unió en las Elecciones catalanas celebradas dicho año que llevaron a CIU a batir récords ganando en muchas ciudades del Área Metropolitana de Barcelona merced a un programa extraordinariamente abierto y progresista, absolutamente carente de veleidades separatistas y lleno de medidas prácticas como la lucha contra el desempleo y el fracaso escolar. Sin embargo, apenas dos años después ese extraordinario capital se echó súbitamente por la borda en una sola tarda merced a una algarada callejera que dando lugar al llamado "proceso" abrió una deriva antidemocrática insólita en el seno de la Unión Europea mediante la que un partido centrista como CIU acabó convertido en un partido xenófobo, supremacista y fascista quedando escindido para acabar desapareciendo tres años más tarde. Gracias a esta insòlita deriva acabé superando definitivamente mis prejuicios hacia Ciudadanos.

En definitiva soy de centro progresista porque el centro significa para mí una voluntad de progreso colectivo y una actitud de cambio que no existe en una izquierda para la que el progreso no es más que una pose elitista absolutamente desvinculada de la ciudadanía ni en una derecha acomodada y conformista absolutamente refractaria al reformismo

No hay comentarios:

Publicar un comentario