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| Barcelona navega a la deriva carente de liderazgo |
A lo largo de los últimos 25 años Barcelona ha vivido momentos puntualmente dramáticos pero nunca hasta la fecha se había producido tal concatenación de hechos negativos por lo que sin ningún género de dudas podemos afirmar que Barcelona se encuentra en su peor momento desde los Juegos Olímpicos de 1992. Y frente a tamaña concatenación de desgracias que ponen en cuestión la reputación de la ciudad ni la alcaldesa ni ningún miembro del gobierno municipal ha comparecido para dar la cara y asumir responsabilidades, cosa que tampoco ha hecho el líder socialista, Jaume Collboni, quién ha vuelto a repetir el error de entrar en el gobierno municipal entonces con la temeridad de formar parrte de un gobierno que carecía de concejal de Seguridad. Ahora al menos ha logrado situar en el cargo a Albert Batlle, histórico militante socialista transmigrado en militante de Units per Avançar (formación heredera de la desaparecida Unió Democràtica de Catalunya) para acabar integrado en la lista socialista, que ya ejerció el cargo con Pasqual Maragall y Joan Clos amén de ser el Director General de Seguridad del convergente Jordi Jané en el gobierno de Carles Puigdemont quien les destituyó por no estar dispuestos a situar a los Mossos d'Esquadra fuera de la legalidad. Pues si bien podría pensarse que con un concejal de Seguridad de la experiencia de Batlle la situación podría mejorar nada más lejos que la realidad, pues ni siquiera se ha molestado en comparecer para enviar un doble mensaje de confianza a los barceloneses en general y a la Guardia Urbana en particular.
Pero si la pasividad del gobierno municipal de Ada Colau es desconcertante no lo es menos la impotencia de la oposición dado que ninguno de sus representantes está siendo capaz de ejercer un liderazgo alternativo a Colau. En este aspecto llama particularmente la atención la ausencia de Manuel Valls quién tras llevar a cabo una precampaña y una campaña muy activas apareciendo como una clara alternativa a Ada Colau ahora ha desaparecido completamente del mapa, abdicando de todo protagonismo y renunciando a ejercer el liderazgo que se le suponía dado el prestigio de su trayectoria anterior como primer ministro francés. También llama la atención la ausencia del líder del Partido Popular, Josep Bou quién como Valls también llevó a cabo una campaña muy activa pero que tras el inicio de la actividad municipal también está completamente desaparecido. Tampoco resulta menos llamativa la ausencia de la exconsellera de Presidencia, Elsa Artadí, pese a haberse mostrado especialmente ilusionada por ser la candidata de Junts per Catalunya en Barcelona. Y ni que decir tiene la desaparición del ganador, Ernest Maragall, quien tras la reelección de Colau parece haber renunciado definitivamente a su sueño de ser alcalde. Y mientras la falta de liderazgo ha abandonado Barcelona a la deriva los únicos quienes están ejerciendo liderazgo desde fuera de las instituciones tras haber quedado fuera del consistorio en las últimas elecciones son los de la CUP con los efectos funestos ya conocidos por todos a nivel catalán con el acoso contra partidos y políticos constitucionalistas a cargo de su organización juvenil Arran. No es de extrañar que con este panorama tan demoledor se empiece a echar de menos al anterior líder municipal del PP, Alberto Fernández Díaz, quién a lo largo de su trayectoria estuvo siempre al pie del cañón, domingos inclusive, para denunciar aquellos aspectos que no iban bien en la ciudad.
Pero si la pasividad del gobierno municipal de Ada Colau es desconcertante no lo es menos la impotencia de la oposición dado que ninguno de sus representantes está siendo capaz de ejercer un liderazgo alternativo a Colau. En este aspecto llama particularmente la atención la ausencia de Manuel Valls quién tras llevar a cabo una precampaña y una campaña muy activas apareciendo como una clara alternativa a Ada Colau ahora ha desaparecido completamente del mapa, abdicando de todo protagonismo y renunciando a ejercer el liderazgo que se le suponía dado el prestigio de su trayectoria anterior como primer ministro francés. También llama la atención la ausencia del líder del Partido Popular, Josep Bou quién como Valls también llevó a cabo una campaña muy activa pero que tras el inicio de la actividad municipal también está completamente desaparecido. Tampoco resulta menos llamativa la ausencia de la exconsellera de Presidencia, Elsa Artadí, pese a haberse mostrado especialmente ilusionada por ser la candidata de Junts per Catalunya en Barcelona. Y ni que decir tiene la desaparición del ganador, Ernest Maragall, quien tras la reelección de Colau parece haber renunciado definitivamente a su sueño de ser alcalde. Y mientras la falta de liderazgo ha abandonado Barcelona a la deriva los únicos quienes están ejerciendo liderazgo desde fuera de las instituciones tras haber quedado fuera del consistorio en las últimas elecciones son los de la CUP con los efectos funestos ya conocidos por todos a nivel catalán con el acoso contra partidos y políticos constitucionalistas a cargo de su organización juvenil Arran. No es de extrañar que con este panorama tan demoledor se empiece a echar de menos al anterior líder municipal del PP, Alberto Fernández Díaz, quién a lo largo de su trayectoria estuvo siempre al pie del cañón, domingos inclusive, para denunciar aquellos aspectos que no iban bien en la ciudad.

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