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| Manuel Valls: de primer ministro francés a líder de una formación política extraparlamentaria |
Durante unos meses Valls intentó mantener inútilmente su protagonismo en la política francesa pero fracasó estrepitosamente puesto que no era más que un diputado integrado en el grupo parlamentario de LREM en la Asamblea Nacional. Mientras su estrella declinaba en Francia en Cataluña tuvo lugar el intento fallido de Golpe de Estado separatista que intentó seceder a Cataluña del resto de España subvirtiendo el orden democrático. Pese a no figurar en las històricas manifestaciones constitucionalistas de Octubre de 2017, Manuel Valls decidió participar en la campaña electoral de las Elecciones catalanas celebradas en Diciembre de 2017 participando en tres actos electorales de las tres formaciones constitucionalistas: PSC, Ciudadanos y PP. A partir de entonces empezó a implicarse cada vez más en la vida española hasta realizar un discurso apoteósico en un acto de Sociedad Civil Catalana en Marzo de 2018. A partir de entonces empezó a desvelarse la opción de su posible candidatura a las Elecciones Municipales en Barcelona en representación de Ciudadanos hecho que fue interpretado como una jugada maestra. Tras unos meses de reflexión finalmente Manuel Valls aceptó el reto anunciando su candidatura a las Elecciones Municipales en Barcelona en Septiembre de 2018. Pero ya por entonces el efecto de su candidatura había empezado a diluirse y ese mismo día un hecho de una indudable relevancia informativa como la aspiración de una figura de máxima relevancia internacional a desempeñar responsabilidades de máxima relevancia política en España a Televisión Española no le mereció más que una consideración de rango secundario. Fue el inicio de un doloroso ninguneo informativo del que tomaron parte absolutamente todos los medios informativos desde los independentistas hasta los constitucionalistas en base a una escandalosa e infame campaña de mentiras especialmente deleznable por parte de los medios constitucionalistas que en vez de apostar por caballo ganador decidieron en su mezquindad tomar partido por los mediocres candidatos presentados por PSC y PP hasta lograr instalar una percepción negativa de Manuel Valls en el electorado barcelonés. Antes de empezar la campaña electoral en el más repugnante de los cinismos ya le prepararon su epitafio bajo el delirante título que encabeza esta entrada, Manuel Valls ¡Qué pena! anticipando su derrota electoral y la imposibilidad de su sueño alcaldable cuando precisamente el medio que le escribió el obituario, Crónica Global, promovió activamente la entrada de varios de sus articulistas en la lista electoral del candidato del PSC Jaume Collboni. Finalmente, Valls y por lo tanto Ciudadanos perdieron las elecciones quedando en cuarto lugar con 99.424 votos: la apuesta del primer ministro francés se había quedado en apenas 22.200 papeletas más que en las anteriores elecciones lejor de un triunfo que pareció cercano en la Primavera de 2017.
Incluso una semana antes de las elecciones esos mismos medios que destruyeron sus expectativas electorales ya estaban preparando la continuidad de Ada Colau en la alcaldía circunstancia que exigía hacer saltar por los aires el grupo municipal de Ciudadanos, pues junto a los votos de Barcelona en Comú y el PSC se estimaba necesario el apoyo de tres concejales de Ciudadanos. Dos días después de las elecciones Valls comprometió dichos votos con el único objetivo de evitar que el xenófobo ganador de ERC, Ernest Maragall, pudiera ser Alcalde de Barcelona. Ciudadanos no veía bien esa posibilidad pero dado que sólo eran necesarios tres votos de los seis concejales de la formación la discrepancia fue pactada y no supuso la ruptura del grupo municipal: hoy Ada Colau sigue siendo alcaldesa de Barcelona gracias al apoyo de Manuel Valls. Entretanto tras su apoyo obligado a Colau el izquierdismo cambió su actitud de odio hacia Valls hasta el extremo de aparecer como hipotético ministro de Exteriores en el futuro gobierno de Pedro Sánchez. Y es que tras mucho tiempo de incomunicación y de ninguneo con el que fue su homólogo en el socialismo francés Pedro Sánchez vio en Valls un ariete más en sus desquiciados delirios maniqueos contra Ciudadanos utilizándolo para hacer daño a la formación centrista. En el marco internacional de su infame campaña anticentrista Sánchez ha tratado de persuadir a Enmanuel Macron para cortar los vínculos de LREM con Ciudadanos e incluso de expulsar al partido de ALDE usando el pretexto de sus pactos con VOX. Y es en este contexto internacional de la campaña anticiudadana en el que Valls ha sido utilizado por Sánchez, dado que el exprimer ministro francés estaba intrigando para lograr que los siete eurodiputados de Ciudadanos se desvinculasen de la formación naranja. Es en este contexto de la subordinación de Valls a Sánchez cuando Ciudadanos decide cortar su vinculación con Valls ante el daño que puede causar al partido dado su potencial ascendiente sobre Macron pese a ser ninguneado con este. Es así como finalmente la izquierda logró hacer saltar por los aires al grupo municipal centrista en Barcelona con Ciudadanos quedándose con cuatro de los seis concejales y Valls acompañado por solo una concejal exdirigente de Unió Democràtica de Catalunya (UDC).
Transcurrido un mes tras la celebración de las últimas elecciones y la reelección de Ada Colau es así como la gran promesa de la política española, el hombre venido de Francia para derrotar al independentismo y al populismo no solo se ha quedado sin ser alcalde sino además reducido a un papel absolutamente secundario permaneciendo en la más absoluta irrelevancia ante la grave crisis que padece Barcelona, cuando desde su prestigio debería estar ejerciendo un papel de liderazgo capaz de hacerle ganar unas futuras elecciones y alcanzar la alcaldía. Manuel Valls quedará para la historia como uno de los más veloces, y voraces, ejemplos de descomposición que jamás haya podido padecer la carrera de un hombre poderoso quien en el espacio de dos años y medio ha pasado de ser primer ministro de la quinta potencia mundial a pretender el liderazgo de una pequeña formación catalanista extraparlamentaria.

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