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Manuel Valls: de primer ministro francés a líder de una formación política extraparlamentaria |
Hace un año y medio
Manuel Valls irrumpíó en la vida política española. Pese a su nombre y apellidos incuestionablemente españoles
Valls volvía a España tras haber desarrollado una carrera política que le llevo a la cumbre política francesa, el
político catalán más importante de la historia en palabras de
Arcadi Espada, país al que llegó junto a su padre el pintor
Xavier Valls. A los veinte años
renunció a la
nacionalidad española convirtièndose en ciudadano francés e iniciando una carrera política en el seno del
Partido Socialista (PS) que le llevó de la alcaldía de
Evry, una ciudad de la periferia de París, a la
Asamblea Nacional, al
ministerio del Interior y a
Matignon, sede del jefe del gobierno francés. El
nombramiento de
Manuel Valls como
primer ministro francés fue considerado como una
hazaña pues
ningún catalán había alcanzado jamás un rango tan elevado. Valls estuvo dos años como primer ministro hasta su dimisión en 2017. Tenía ambiciones más elevadas aún: ser
presidente de la
República Francesa. Pero una piedra inesperada se cruzó en su camino siendo derrotado por un desconocido llamado
Benoit Hamón quien condujo a los socialistas franceses al borde de la asfixia en la que aún se encuentran. Pero la
derrota de Valls acabó transformándose en una
victoria apoteósica, pues por prescindir de
Valls el PS se hundió cosechando el
peor resultado de su
historia con
Hamon al frente. El
nuevo presidente francés fue el exministro de Economía,
Enmanuel Macron, un empleado de alta banca fichado por
François Hollande que llegado un momento cogió autonomía y quiso volar solo con su propio partido: inicialmente un
pequeño partido centrista llamado
En Marche tomando sus iniciales. Aquello que inicialmente estaba destinado a ser un pequeño partido centrista integrando la mayoría presidencial destinada a apoyar a Valls acabó emergiendo a primer plano como
salida de emergencia ante la inesperada derrota del catalán, dado que este
abandonó el PS para apoyar a Macron como presidente con
En Marche convertido en una
amplia, abierta, transversal y hegemónica coalición i
ntegrando todas las corrientes del europeismo francés debiéndole a Valls su cargo. Por eso, al día siguiente de ganar las elecciones
Valls no dudó en plantarse en los estudios de la
RTL para autoproclamarse a bombo y platillo
candidato de
La República En Marcha (LREM), posiblemente el
partido más transversal, abierto, progresista y moderno de Europa, por su habitual circunscripción de
Essonne. Precisamente por su condición de partido más moderno de Europa se le dijo que se presentase a elecciones primarias como todo el mundo pese a que finalmente se le hizo un arreglo con la candidata de LREM retirándose para darle paso en calidad de candidato independiente. Finalmente
Valls ganó otra vez revalidando su cargo pero por un estrechisimo margen frente a su rival una candidata de extrema izquierda de la
Francia Insumisa.
Durante unos meses Valls intentó mantener inútilmente su protagonismo en la política francesa pero fracasó estrepitosamente puesto que no era más que un diputado integrado en el grupo parlamentario de
LREM en la
Asamblea Nacional. Mientras su estrella declinaba en Francia en Cataluña tuvo lugar el
intento fallido de
Golpe de Estado separatista que intentó seceder a Cataluña del resto de España subvirtiendo el orden democrático. Pese a no figurar en las
històricas manifestaciones constitucionalistas de
Octubre de 2017,
Manuel Valls decidió participar en la
campaña electoral de las
Elecciones catalanas celebradas en
Diciembre de 2017 participando en
tres actos electorales de las
tres formaciones constitucionalistas:
PSC,
Ciudadanos y
PP. A partir de entonces empezó a implicarse cada vez más en la vida española hasta realizar un discurso apoteósico en un acto de
Sociedad Civil Catalana en
Marzo de 2018. A partir de entonces empezó a desvelarse la opción de su
posible candidatura a las
Elecciones Municipales en Barcelona en representación de
Ciudadanos hecho que fue interpretado como una
jugada maestra. Tras unos meses de reflexión finalmente
Manuel Valls aceptó el reto anunciando su candidatura a las
Elecciones Municipales en
Barcelona en
Septiembre de 2018. Pero ya por entonces el efecto de su candidatura había empezado a diluirse y ese mismo día un hecho de una indudable relevancia informativa como la aspiración de una figura de máxima relevancia internacional a desempeñar responsabilidades de máxima relevancia política en España a
Televisión Española no le mereció más que una
consideración de rango secundario. Fue el inicio de un doloroso
ninguneo informativo del que tomaron parte absolutamente todos los medios informativos desde los independentistas hasta los constitucionalistas en base a una
escandalosa e infame campaña de mentiras especialmente deleznable por parte de los medios constitucionalistas que en vez de apostar por caballo ganador decidieron en su mezquindad tomar partido por los
mediocres candidatos presentados por
PSC y
PP hasta lograr instalar una
percepción negativa de
Manuel Valls en el
electorado barcelonés. Antes de empezar la campaña electoral en el más repugnante de los cinismos ya le prepararon su epitafio bajo el delirante título que encabeza esta entrada,
Manuel Valls ¡Qué pena! anticipando su derrota electoral y la imposibilidad de su sueño alcaldable cuando precisamente el medio que le escribió el obituario,
Crónica Global, promovió activamente la entrada de varios de sus
articulistas en la
lista electoral del candidato del PSC
Jaume Collboni. Finalmente,
Valls y por lo tanto
Ciudadanos perdieron las elecciones quedando en
cuarto lugar con
99.424 votos: la apuesta del primer ministro francés se había quedado en apenas
22.200 papeletas más que en las anteriores elecciones lejor de un triunfo que pareció cercano en la
Primavera de 2017.
Incluso una semana antes de las elecciones esos mismos medios que destruyeron sus expectativas electorales ya estaban preparando la continuidad de
Ada Colau en la alcaldía circunstancia que exigía hacer saltar por los aires el
grupo municipal de Ciudadanos, pues junto a los votos de
Barcelona en Comú y el
PSC se estimaba necesario el
apoyo de
tres concejales de
Ciudadanos. Dos días después de las elecciones
Valls comprometió dichos votos con el único objetivo de evitar que el
xenófobo ganador de
ERC,
Ernest Maragall, pudiera ser
Alcalde de Barcelona.
Ciudadanos no veía bien esa posibilidad pero dado que sólo eran necesarios tres votos de los seis concejales de la formación la discrepancia fue pactada y no supuso la ruptura del grupo municipal: hoy
Ada Colau sigue siendo alcaldesa de Barcelona gracias al apoyo de Manuel Valls. Entretanto tras su apoyo obligado a Colau
el izquierdismo cambió su actitud de odio hacia Valls hasta el extremo de aparecer como
hipotético ministro de Exteriores en el
futuro gobierno de
Pedro Sánchez. Y es que tras mucho tiempo de incomunicación y de ninguneo con el que fue su homólogo en el socialismo francés
Pedro Sánchez vio en Valls un ariete más en sus desquiciados delirios maniqueos contra Ciudadanos utilizándolo para hacer daño a la formación centrista. En el marco internacional de su infame campaña anticentrista
Sánchez ha tratado de persuadir a Enmanuel Macron para cortar los vínculos de LREM con Ciudadanos e incluso de expulsar al partido de ALDE usando el
pretexto de sus
pactos con VOX. Y es en este
contexto internacional de la
campaña anticiudadana en el que
Valls ha sido utilizado por Sánchez, dado que
el exprimer ministro francés estaba intrigando para lograr que los siete eurodiputados de Ciudadanos se desvinculasen de la formación naranja. Es en este contexto de la
subordinación de Valls a Sánchez cuando Ciudadanos decide cortar su vinculación con Valls ante el daño que puede causar al partido dado su potencial ascendiente sobre Macron pese a ser ninguneado con este. Es así como finalmente
la izquierda logró hacer saltar por los aires al grupo municipal centrista en Barcelona con Ciudadanos quedándose con cuatro de los seis concejales y Valls acompañado por solo una concejal exdirigente de
Unió Democràtica de Catalunya (UDC).
Transcurrido un mes tras la celebración de las últimas elecciones y la reelección de Ada Colau es así como la gran promesa de la política española, el hombre venido de Francia para derrotar al independentismo y al populismo no solo se ha quedado sin ser alcalde sino además reducido a un papel absolutamente secundario permaneciendo en la más absoluta irrelevancia ante la grave crisis que padece Barcelona, cuando desde su prestigio debería estar ejerciendo un
papel de liderazgo capaz de hacerle ganar unas futuras elecciones y alcanzar la alcaldía.
Manuel Valls quedará para la historia como uno de los más veloces, y voraces, ejemplos de descomposición que jamás haya podido padecer la carrera de un hombre poderoso quien en el espacio de dos años y medio ha pasado de ser primer ministro de la quinta potencia mundial a pretender el liderazgo de una pequeña formación catalanista extraparlamentaria.